La depresión
puede tener importantes consecuencias personales y sociales, desde una simple
incapacidad laboral, hasta el suicidio.
El desánimo que sienten
provoca una tendencia a disminuir las relaciones sociales y la búsqueda de
contacto.
Quienes le rodean suelen no entender lo que sucede ya que aparentemente no
tiene motivos para estar tan triste.
La persona deprimida se siente
incomprendida y eso le causa frustración, pudiendo producir un alejamiento,
potenciando aun mas su estado deprimido.
Solemos
pensar que lo que realmente ocurre es que esa persona intenta escaquearse o que
es un pesimista y no tienen ilusiones en la vida. Se les repite continuamente que
hagan un esfuerzo y que cambien de actitud.
Además
existen fuertes prejuicios acerca de este tipo de enfermedades, provocando
actitudes de rechazo, lo que empeora su mejoría.
Son personas
con un gran riesgo de exclusión, ya que no son del todo comprendidas, o son
directamente rechazadas por los demás, y porque debido a los síntomas el deprimido
tiende al aislamiento.
Por otro
lado, la exclusión social que sufre una persona “sana” por cualquier motivo,
puede generar un trastorno depresivo.
Es por eso
que la depresión, puede ser causa o consecuencia de la exclusión social.
Existen
varios tipos, aunque los más comunes son el trastorno depresivo grave y el
trastorno distímico:
-El
trastorno depresivo grave (o mayor): los síntomas repercuten negativamente en
la esfera social, laboral o en otras áreas vitales. Incapacita a la persona y
le impide desenvolverse con normalidad. Un episodio de este tipo de depresión
puede darse solo una vez, pero frecuentemente recurre durante toda
su vida.
-El
trastorno distímico (o distimia): sus síntomas son de larga duración (dos años
o más), pero menos graves. No incapacitan a la persona pero pueden impedirles
llevar una vida normal y sentirse bien. Las personas con este trastorno pueden
padecer episodios de depresión grave a lo largo de su vida.
Otros tipos
son:
-Depresión psicótica: depresión grave acompañada por alguna forma psicótica (ruptura de la realidad, alucinaciones, delirios...).
-Depresión post-parto: episodio de depresión grave dentro del primer mes después del parto.
-Trastorno afectivo estacional: aparición de la enfermedad depresiva durante los meses de invierno (cuando disminuyen las horas de luz solar).
Los síntomas
afectan sobre todo a la esfera afectiva, ya sea transitoria o permanentemente.
Algunos de estos pueden ser: tristeza patológica, abatimiento, infelicidad,
decaimiento, irritabilidad, culpabilidad o un trastorno del humor que puede
disminuir el rendimiento o limitar la actividad vital habitual (comer, dormir,
etc.). También se da una pérdida del interés e incapacidad para disfrutar de
actividades que antes resultaban placenteras.
Además, los
trastornos depresivos, pueden estar, en menor o en mayor grado, acompañados de
ansiedad.
La depresión es un trastorno mental frecuente, que se caracteriza por la presencia de tristeza, pérdida de interés o placer, sentimientos de culpa o falta de autoestima, trastornos del sueño o del apetito, sensación de cansancio y falta de concentración.
La depresión puede llegar a hacerse crónica o recurrente, y dificultar sensiblemente el desempeño en el trabajo o la escuela y la capacidad para afrontar la vida diaria.
En su forma más grave, puede conducir al suicidio. Si es leve, se puede tratar sin necesidad de medicamentos, pero cuando tiene carácter moderado o grave se pueden necesitar medicamentos y psicoterapia profesional. (Organización Mundial de la Salud).
Todos los estudios coinciden en que la prevalencia es de casi el doble en mujeres que en hombres.
Su origen es multifactorial, generalmente es una combinación de factores genéticos, psicológicos y ambientales.
Hay que destacar factores desencadenantes como el estrés y los sentimientos (accidente o tragedia, decepción sentimental, pena, muerte de algún familiar, etc.).
Otros orígenes pueden ser el consumo de ciertas sustancias y factores de predisposición como la genética o un condicionamiento educativo.
Ciertas alteraciones hormonales y en los neurotransmisores influyen de forma importante en la aparición de la enfermedad y en el transcurso de la misma.
A
continuación voy a tratar una enfermedad que condiciona gravemente la vida
social de la persona que la padece: el autismo. Cuando hablamos de personas
autistas o de autismo, nos referimos a personas que padecen un espectro
caracterizado por varios déficits del desarrollo, permanentes y profundos. Se
trata de un conjunto de alteraciones semejantes pero cuya manifestación varía
mucho de unas personas a otras.
Cuando hablamos de autismo y de
otros trastornos generalizados del desarrollo, no podemos considerarlo como una
categoría única sino como un continuo espectro, pues estamos utilizando
términos comunes para hablar de personas muy diferentes.
Las personas consideradas autistas
presentan trastornos en las capacidades de reconocimiento social, en las capacidades
de comunicación social y patrones repetitivos de actividad, tendencia a la
rutina y dificultades en la imaginación social. Estos síntomas se traducen en
un fuerte aislamiento y exclusión social tanto por la incapacidad del sujeto de
relacionarse socialmente, como por el rechazo de la sociedad hacia este.
La frecuencia de estos trastornos
está aumentando últimamente llegando en la actualidad a darse en un 0,6 % de
los nacimientos. Esto hace que sea cada vez más importante la investigación
para el diagnóstico temprano, lo cual es dificultado por el desconocimiento de
las causas que originan esta enfermedad.
La tuberculosis ( TBC o TB) es una de las enfermedades más antiguas que afectan a los seres humanos, siendo actualmente la segunda causa mundial de mortalidad, después del sida, causada por un agente infeccioso. Antiguamente recibía el nombre de tisis . Es una infección bacteriana contagiosa que afecta principalmente a los pulmones, pero puede extenderse a otros órganos. La bacteria causante de tuberculosis es Mycobacteriumtuberculosis o bacilo de Koch, perteneciente al complejo Mycobacterium tuberculosis.
La principal forma de contagio de la tuberculosis es a través del aire. Cuando una persona infectada, estornuda, tose o escupe expulsa una serie de bacilos ( baciolos de tubeculosis), basta con inhalar unos pocos de estos baciolos para reultar infectado, pero no todas las personas infectadas enferman, ya que la mayoría de las veces el sistema inmunitario mata los bacilos de la tuberculosis, o los “aísla”, manteniendose en estado latente durante varios años.
Sin embargo, en muchas ocasiones el sistema inmunitarios de algunas personas se ve comprometido por medicamentos inmunosupresores, abuso de drogaso elSIDA, lo que hace que los bacilos de tuberculosis se multipliquen, produciendo la enfermedad de forma activa y dañando el organismo.
Los principales síntomas de la tuberculosis son la tos productiva ( acompañada por sangre en el esputo), dolores torácicos, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudores nocturnos.
La tuberculosis requiere un tratamiento y puede ser curada siempre y cuando los medicamentos se tomen correctamente.
La Organización Mundial de la Salud estima 2.000 millones de infectados por el M. tuberculosis y 8 millones de nuevos infectados cada año, venciendo la batalla en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, mueren casi 2 millones de personas al año por causa de esta enfermedad.
Esta entrada va dedicada íntegramente
a profundizar en el tema del trastorno afectivo bipolar con la
exclusión social, así como entrar de lleno en un asunto que está
bastante relacionado con estos dos factores: el suicidio. Como ya es
sabido desde antaño, las enfermedades mentales siempre han sido
causa de un rechazo social por conductas consideradas anormales
dentro de un círculo en el cual todos intentan encajar. En la
actualidad, aunque se hayan integrado y mejorado programas de
reinserción y otras muchas técnicas, todavía existe en gran medida
esta exclusión.
Principal icono en referencia a la bipolaridad
El trastorno afectivo bipolar se
muestra como el que más incidencia tiene en nuestra población (en
comparación con otras afecciones psíquicas). Cerca de un millón de
españoles padece esta enfermedad. En nuestra sociedad sigue
considerándose al enfermo mental como un extraño ya que no hay
suficiente ni correcta información. Ésto provoca una grave
situación psicológica en el enfermo, ya que la propia sociedad, si
él no lo ha hecho ya por sí mismo, le lleva al aislamiento. Además,
muchos de los pacientes excluidos son más propensos a engancharse al
tabaco, alcohol o alguna droga dura que agrava su estado.
Es importante remarcar que la mitad de
los pacientes con trastorno bipolar sufre alguna discapacidad laboral
(dificultad para poder trabajar), social (dificultad para mantener
relaciones fuera de la familia e integrarse socialmente) o familiar
(dificultad de relación entre paciente y miembros de su familia). La
discapacidad laboral es causada sobre todo por la alta recurrencia de
episodios maníacos, la social por tener un mayor número de
hospitalizaciones y episodios depresivos y la familiar debido a
hospitalizaciones y episodios maníacos.
Debido a todo esto, la tasa de suicidio
en los pacientes con bipolaridad es tres veces mayor que en los que
padecen depresión constante. Detectar el trastorno con retraso
también es una de las grandes causas del suicidio en este colectivo.
Por eso, es importante crear nuevos programas, terapias de grupo e
informar a la población sobre este tipo de trastorno, promoviendo
así su inserción laboral y social, ya que es el pilar fundamental
para se consiga una integración real.
Cuando tratamos sobre enfermedades mentales, muchas veces nos vienen a la cabeza infinidad de famosos escritores, pintores, músicos, científicos y diversas personas muy inteligentes y creativas que han aportado contribuciones importantes a la sociedad y que padecían de algún trastorno. El tema de la creatividad en estas enfermedades es de gran controversia y siempre se ha cuestionado el vínculo entre estos trastornos y un alto cociente intelectual. Diferentes científicos han afirmado que el trastorno bipolar es más frecuente entre los superdotados.
La noche estrellada, Van Gogh (pintado en un episodio de manía)
En el trastorno bipolar, la manía puede contribuir a la creatividad, pero en la fase hipomaníaca se produce un mayor aumento de ésta. Sin embargo, la depresión produce una enorme frustración en la persona que padece el desorden y decae el estado anímico.
Hay muchos famosos que padecen o han padecido el trastorno afectivo bipolar. Por ejemplo, Vincent Van Gogh fue uno de ellos. En La noche estrellada, que pintó recluido en un manicomio, se puede observar lo que él veía por la ventana (siempre le atrajo la noche, a muchos enfermos mentales les suele gustar también ya que son sus horas álgidas de creatividad). Utiliza trazos y pinceladas que acaban en espirales, mostrando así su estado de ánimo. En la escritura podemos encontrarnos a famosos con renombre como Virginia Woolf, Ernest Hermingway, Herman Hesse o Edgar Allan Poe. Éste último nos deleita con diversos textos que dejan entrever su enfermedad, como por ejemplo en este fragmento extraído de su cuento Eleonora:
"Los hombres me han llamado loco; pero todavía no se ha resuelto la cuestión de si la locura es o no la forma más elevada de la inteligencia, si mucho de lo glorioso, si todo lo profundo, no surgen de una enfermedad del pensamiento, de estados de ánimo exaltados a expensas del intelecto general."
Edgar Allan Poe
En la música también podemos encontrar artistas que han convivido con este problema. Uno de ellos fue Kurt Cobain, el cantante de la banda grunge Nirvana. De hecho, en una de sus canciones llamada Lithium (como uno de los tratamientos para el trastorno bipolar) habla sobre cómo se siente, aunque él nunca se trató el desorden y acabó suicidándose.
Después de tantas obras y aportaciones al mundo que han realizado personas que padecían enfermedades mentales, es lógico cuestionarse si la locura forma parte realmente de la inteligencia o de si los "locos" son los únicos que consiguen observar el mundo al desnudo, tal cual es en su totalidad, sintiendo una cantidad de emociones que las personas normales jamás podrán llegar a imaginar.
Sea como sea, está claro que las personas con este trastorno siempre se han caracterizado por un aislamiento de la sociedad, ya que ésta es un factor represor y que cohíbe el desarrollo. De ésto trataré en la próxima entrada: la exclusión social del trastorno bipolar.